Muy queridos voluntarios, camareras y personal; miembros todos de esta gran familia del Santuario Diocesano del Saliente:
«Todas las personas nacen como originales, pero muchas mueren como fotocopias». Esta frase, dicha por el joven san Carlo Acutis – cuya canonización coincidió con la Romería y que, además, tuvimos la fortuna de venerar su sagrada reliquia –, me viene al pensamiento cuando pienso en todos vosotros. La inmensa generosidad de vuestro tiempo, la ilusión y la fidelidad para con la Pequeñica; os hacen verdaderamente originales. Frente a posturas fáciles o acomodaticias, vosotros sois unos auténticos valientes. Ya que, además de quereros, os conozco; me consta que vuestra valentía no se fundamenta en mera intrepidez. Sois valientes porque sois, cada uno de vosotros, hombres y mujeres de fe. Vuestra arraigada devoción a la Madre de Dios no es sensiblería ocasional, sino un estilo de vida y testimonio de vuestro Bautismo.
Siempre creo que lo más bello del Saliente sois vosotros, con vuestro servicio tan necesario como silencioso. De nada servirían sus numerosas estancias o los horarios, si no estuviera vuestro diligente servicio y piadosas plegarias. Tampoco los peregrinos, aunque no sean conscientes de ello, podrían disfrutar de la Romería sin vuestro sacrificado trabajo. En vosotros, y vuestro modo de servir, intuimos la verdadera esencia de la Iglesia y del misterio de la comunión de los Santos. Hasta el peregrino más solitario, que piensa erróneamente que practica su sendero consigo mismo, se beneficia de vuestra maravillosa generosidad. Por eso, mi gratitud brota con mayor efusión y sinceridad. Porque sé que no hacéis un mero voluntariado, sino que sabéis que se trata de algo más y – por encima de cualquier otra consideración conocéis por quién lo lleváis a cabo. Y eso es una obra de amor puro, pletórica de testimonio cristiano y devoción sincera a Nuestra Señora.
En estos tres días de Romería, con sus largos meses de preparación, he sido testigo de vuestras idas y venidas. Y, cuando celebraba el Santo Sacrificio bajo la carpa situada frente a la portada principal, pensaba en las palabras de san Pedro: «Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo» (1 Pe 2, 4-5). ¡Que bien se entienden estos versículos sagrados al miraros a vosotros! En efecto, sois las piedras vivas que proporcionan esta casa espiritual para tantos peregrinos. Y, porque sois discípulos de Jesucristo, experimentáis también el rechazo de los hombres. A veces, no es comprensible para otros el servicio que prestáis. Surgen las críticas, interesadas o atolondradas, ante una misión tan santa como la vuestra. Aunque las gracias espirituales, así como la satisfacción personal, son muchas; duelen los reproches infundados de unos o de otros.
Pero nosotros tenemos un ejemplo que nos ampara y nos enseña: Nuestra Señora. Sin protagonismos desmesurados o estéticas llamativas, que prioriza una edad en detrimento de otras. Vosotros, queridos voluntarios, ofrecéis una mirada mucho más variada y completa que cualesquiera grupos exclusivistas. Seguramente, tales corporaciones ofrezcan frutos benéficos, pero vuestro compromiso pregona mucho más las virtudes concretas de María Santísima. Yo pienso que, en muchas ocasiones, no sería necesario ascender los peldaños del camarín para extasiarse ante la imagen de la Pequeñica. Vosotros mismos sois un reflejo de Ella.
Me vais a permitir, sin menoscabo de nadie, que exprese mi admiración por esa nueva sección de esta gran familia salientina. Hablo de las Camareras. Lo habéis hecho estupendamente, sin ostentaciones mundanas ni enredos. Os habéis conducido de manera ejemplar, bien centradas en vuestra misión y con un servicio impecable. Vais por muy buen camino. Os felicito vivamente, pues era vuestra primera Romería y no lo habéis podido hacer mejor. También, no solo por cortesía sino por veracidad, es obligado reconocer la inestimable ayuda de las autoridades en el desarrollo de la Romería. Han trabajado muy bien, especialmente el Ayuntamiento de Albox con su gentil y eficaz implicación.
Os confieso que, para mí, poder trabajar con vosotros es una escuela maravillosa de servicio y amor a la Iglesia. Me enseñáis mucho y, al observar vuestra generosidad, me siento cuestionado con mi propia generosidad pastoral. Gracias, muchas gracias, por dejarme aprender de vosotros en esta labor tan santa. San Carlo Acutis solía repetir, con cierta frecuencia, que: «la Virgen es la única mujer de mi vida». No pido otra cosa para todos vosotros, mis amados amigos y entrañables hermanos. Os admiro, os respeto y os quiero entrañablemente en el Señor.
Afmo. en Cristo, Antonio J. M. Saldaña Martínez
Rector



