Oraciones a Nuestra Señora de los Desamparados del Buen Retiro del Saliente Coronada

En 1930 el Beato Bartolomé Caparrós, Párroco Mártir de Santa María de Albox, escribió la primera novena que se conserva para pedir el favor de la Pequeñica. Debe practicarse tras rezar el Santo Rosario, ante una imagen de la Virgen Santísima del Saliente.

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa haber pecado, y con la ayuda de vuestra gracia divina propongo no pecar más. Perdonarme por los ruegos y méritos de vuestra Madre la Virgen Santísima del Saliente. Amén.

Oración para todos los días

¡Oh Virgen Santísima del Saliente, alegría de mi vida y esperanza en la hora de la muerte, muestra que eres nuestra Madre y nuestra defensa contra todos los enemigos de nuestras almas. Virgen Santísima, honor y alegría de nuestro pueblo. Vigía constante que desde las alturas de tu Santuario atalayáis sin cesar los caminos de todos tus hijos, haz que todos caminemos por las sendas de Jesucristo, tu Hijo, que es el camino, la verdad y la vida, hasta conseguir la dicha de verte y gozarte eternamente en los Cielos. Amén.

Día primero

Madre amadísima del Saliente, consuelo y refugio de todos los que a Vos recurren; Vos que concedisteis a vuestro siervo Lázaro Martos la gracia especialísima de tu aparición, iluminando su alma inocente con claridades inefables, no te ocultes jamás a nuestras almas que nada desean tanto como ver tu hermosísimo rostro y sentir las ternuras de tu corazón de madre en esta vida, como presagio felicísimo de verte eternamente en el Cielo. Amén.

Oración final para todos los días

¡Oh Virgen Purísima, Reina de los Cielos y Madre de los hombres, abogada poderosísima de todos tus devotos para los que tenéis en tu corazón tesoros infinitos de bondades y las derramas con exuberante abundancia sobre todos los que te invocan; acoge benigna la súplica que en este día hacemos, y concédenos la gracia especialísima de guiar nuestros pasos, como guiaste los de tu siervo Lázaro, por los caminos de la virtud, confortando nuestra fe y alentando nuestra esperanza. Desde las alturas de tu Santuario, donde os plugo poner vuestro trono, enviarnos una mirada de tus ojos benignísimos que nos aliente y conforte en este valle de penas y de lágrimas. Sea, Madre nuestra, nuestro último suspiro un rapto de amor divino, y sed Vos, Madre mía del Saliente, la que reciba nuestras almas al salir de este mundo; Vos la que las defienda en el Tribunal de tu Hijo y Vos la que las lleve al Cielo para hacerlas eternamente dichosas. Amén.

Día segundo

Virgen amadísima del Saliente, alegría de los Cielos y encanto de tus devotos. La piedad de nuestras madres nos consagró a vos en las primeras horas de nuestra existencia, y el amor maternal fue esculpiendo en nuestras almas tu hermosísima imagen. Vos que inspirasteis a vuestro siervo Lázaro Martos la idea de levantar un Santuario en la montaña del Saliente, para en él habitar perpetuamente, te rogamos, Madre nuestra del Saliente, que habitéis en nuestras almas limpias de todo pecado hasta el último momento de nuestras vidas, y sean nuestros corazones el trono de tus amores. Amén.

Día tercero

Virgen Santísima del Saliente, Madre verdadera de Dios y verdadera Madre de los hombres, refugio, consuelo y solaz de todos tus devotos e inspiradora de nuestros más puros amores; Vos que elegisteis al pastorcillo del Saliente para la alta dignidad del Sacerdocio, entregando a sus cuidados las almas redimidas con la sangre preciosísima de tu Hijo Divino, te suplicamos, Madre amorosísima del Saliente, defendáis nuestras almas de las asechanzas del demonio y no sea infructuosa para nosotros la sangre vertida en la Cruz, para que por los méritos de Jesucristo, nuestro Redentor, podamos verte eternamente en los cielos. Amén.

Día cuarto

Virgen Purísima del Saliente, obra maestra de la Trinidad Beatísima, concebida sin sombra de pecado, fuente de las divinas gracias y dispensadora de las bondades divinas; como el ciervo sediento busca las aguas, así te buscan nuestras almas agobiadas por el peso de la culpa para que seas nuestra intercesora. Hemos pecado mucho y con negra ingratitud hemos olvidado las ternuras de tu corazón. No supimos lo que hacíamos; no pensamos que ofendiendo a Jesucristo traspasábamos el corazón de nuestra Madre. Perdónanos, Madre nuestra del Saliente y alcánzanos el perdón que necesitamos para gozar de tu presencia eternamente en el Cielo. Amén.

Día quinto

Soberana y divina Ester, Madre nuestra amadísima del Saliente, Abogada nuestra en la presencia de Dios, poderosa tutelar de los albojenses y de todos tus devotos; desde el día venturoso en que os vimos bajar del Santuario que os fabricó la piedad de nuestros mayores, y entrar en nuestro pueblo como visión celestial, entre las aclamaciones de ingente muchedumbre, desde entonces, Madre nuestra, te proclamamos una vez más protectora de nuestra vida, al sentir que nuestra fe se robustecía, que era más firme nuestra esperanza y más ardiente nuestra caridad. Sean éstas las virtudes que bajo tus cuidados arraiguen y fructifiquen en nuestras almas como medio seguro de verte eternamente en el Cielo. Amén.

Día sexto

Amadísima Virgen María, alegría de los cielos, encanto de la tierra y terror del infierno. Virgen pura e inmaculada, que iluminastes las densas oscuridades que el primer pecado extendió sobre la tierra, y destrozastes la cabeza del infernal dragón que, por un instante, soñó ser el Soberano de las almas; a tu patrocinio recurrimos ahora y en todos los momentos de nuesexistencia para que como Madre nos defiendas en la adversidad, nos salves en los peligros y en los momentos de la agonía nos libres de los enemigos del alma, y en la muerte nos abras las puertas del cielo. ¡Sálvanos, Madre nuestra del Saliente, y salva a todos tus devotos para que todos tengamos la dicha de verte y gozarte eternamente en el Cielo. Amén.

Día séptimo

¡Oh Virgen hermosísima y Madre nuestra del Saliente, refugio de pecadores y consuelo de afligidos. Bajo tu amparo nos ponemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades. Es verdad que nuestros pecados nos hacen indignos de tu protección, pero no hemos renunciado a ser hijos tuyos y al derecho de llamarte nuestra Madre. Hoy llegamos a vuestra presencia, contritos y arrepentidos, implorando el perdón de nuestros pasados extravíos, y dolidos de nuestra negra ingratitud te suplicamos. Madre nuestra del Saliente, apartes de nosotros los males que nos rodean; concédenos la lluvia para nuestros campos, la abundancia de los frutos de la tierra y el término de la sequía, para que teniendo lo necesario para la vida, esperemos con más confianza los bienes eternos del Cielo. Amén.

Día octavo

Virgen gloriosísima y Madre nuestra del Saliente; iris de paz puesto por Dios en los horizontes de nuestra existencia; Vos, Señora y Madre nuestra, que habéis merecido ser el canal por donde lleguen a nosotros todas las gracias, y a cuyo ruego la justicia cede el lugar a la misericordia, pide hasta lograr que el Corazón Sacratísimo de Jesús se compadezca de nosotros, y aleje todas las miserias y calamidades que nos rodean. En tus bondades ponemos nuestra confianza, no desoigas nuestras súplicas, no nos niegues la gracia de devolver a nuestras tierras la fecundidad que han perdido; que nuestras fuentes sean tan abundantes en agua como abundante en gracias es vuestro corazón de Madre; aleja de nosotros el horrible espectro del hambre y de la miseria, y si otra fuese la voluntad de Dios, haz que de estos males saquemos abundancia de bienes espirituales que nos hagan dignos de verte y gozarte eternamente en el cielo. Amén.

Día noveno

¡Oh Virgen purísima, concebida en la mente del Altísimo como la criatura más bella y perfecta de la Creación; aurora benditísima que anunciaste la venida del Sol de justicia, Cristo Jesús y mereciste por tu humildad, que el Eterno te eligiera para Madre del Verbo Divino, por lo que todas las generaciones te aclaman bienaventurada. Madre nuestra del Saliente, en tus manos ponemos nuestra suerte y esperamos alcanzar por tu intercesión todos los bienes espirituales que necesitamos para conseguir nuestra salvación. Madre mía del Saliente, oye nuestras súplicas, acoge nuestros deseos y concédenos la muerte del justo para que eternamente celebremos las misericordias de Dios y las bondades de tu corazón de Madre. Amén.

Plegaria del Arzobispo Mullor García Ayer, hoy y mañana

El Arzobispo don Justo Mullor García, aunque nacido en la jiennense localidad de Los Villares, recibió su formación en el Seminario de san Indalecio de Almería. Diplomático de la Santa Sede desde 1967, fue Nuncio Apostólico en Costa de Marfil, Níger, Burkina Faso, Estonia, Lituania, Letonia y México. Presidió la Academia Pontificia Eclesiástica de Roma. Gran devoto de Nuestra Señora de los Desamparados del Buen Retiro del Saliente Coronada, legó al Santuario varias alhajas y compuso esta plegaria en honor a la Pequeñica.

Ayer vine hasta Ti con mi carga de sueños. Ramblas llenas de adelfas y tomillo susurraban al eco de bordones y cantos mientras – cuesta arriba, de ladera a ladera- los amigos de antaño subíamos al Roel – la juventud audaz devorando horizontes – para allí calibrar proyectos y esperanzas que, con tu ayuda, serían más tarde arados para labrar la historia que ya es hoy.

Regresamos entonces al valle de la vida dispuestos a vivirla con rabia y con ternura: a convertir los páramos en huertos y en lluvias abrileñas la sequía; a ofrecer, como rosas de Mayor, tu mensaje de Madre a huérfanos adultos y heridos de tristezas; a hablar de libertad a esclavos que ignoran serlo; a convertir, con el fuego que encendió tu Hijo, en viñedos serenos y en trigales dorados la nostalgia de pámpanos y espigas de todos los rastrojos.

Hoy, la ilusión siempre viva y el caminar más lento, vuelvo hacia Ti, peregrino de muchos caminos que vislumbrados en la cita primera.

No todos los amigos de entonces están hoy a mi lado.

Son ya algunos obstinadas semillas de esperanza en los surcos que abrieron con sudor y sonrisas.

Vencidos de bregar y añorando luceros, brujulean otros en busca de  la estrella polar de tu mirada mientras piensan con ternura en sus hijos, ya padres, y en los nietos – flechas de vida salidas de su aljaba – que les dieron el cambio en la noria del tiempo.

Muchas cosas cambiaron desde entonces: ya no hay tantos niños con harapos y hambre ni son analfabetos los pobres de las cuevas del lomo.

Cargado de nostalgias y con nostalgias nuevas, están entre nosotros marinos y emigrantes que ingratas tierras calcinadas y ocres no pudieron hacer crecer la espigas ni pacer los rebaños.

También han vuelto los exiliados de cabellos grises: se abolieron las castas y nadie pone mordaza a las ideas.

Aire acondicionado hace más leves los calores de agosto.

Subir ahora al Roel ya no es proeza de auroras soñolientas y caminos de polvo.

Ya no hay tierras lejanas – como antes, América –ni caminos de mulas, ni carros de gitanos: el aire y el asfalto se han poblado de alas y de ruedas.

Nuevos templos de viejas religiones surgieron por doquier las “boites” y los bancos.

Si, como antaño, hoy volvemos hacia Ti, es porque algo nos falta y nos duele algo.

Temerosos de mirar nuestras sombras, todos vamos deprisa.

El gozo de ser ricos es aveces amargo y percibimos que ciertas paces son monedas falsas: no sirven al momento de pagar las facturas del placer sin fronteras o de la droga que ofrece paraísos, de los silencios cómplices o del divorcio fácil, de la ausencia de niños en las cunas, De ascensos que ignorar los méritos del sabio, de la riqueza fácil que dejó sin trabajo a hombres anónimos y a mujeres que llevan con orgullo el título de madres.

Palabras estridentes de astutos mercaderes y gritos de efímeras victorias entre clanes de barrio ensordecen el eco de la clara Palabra de tu Hijo.

Son más largas las veladas y más cortos los rezos.

Nos dan miedo las faltas primaveras y los mudos profetas.

¡Es imposible construir auroras sin sueños y silencios! Esta cita contigo no sabe a reto con nosotros mismos: nuestros pasos irán por los senderos que marquen tu mirada.

Con ternura y con rabia volveremos al valle de la vida a sembrar almendrales que hagan olvidar la aspereza del cardo.

No renunciamos a ser vigías de la lumbre y del fuego porque no aceptamos que llegue a ser ceniza el rescoldo de fe que un día fue llama y que tiene siempre vocación de hoguera.

Mañana volveremos a contarte otros sueños y otras luchas, siempre iguales porque el sol y la luna son los mismos.

Aunque caminas – vuelas – hacia el Cielo, tienes siempre tiempo para acoger el susurro o el grito De cuantos viven la agridulce aventura de la vida, con dragones que acechan y ángeles que custodian – como en la patinada peana de su trono –  las frágiles campánulas en que la Fe florece y la hiedra tenaz de la Esperanza que otea nuevas auroras y las busca por veredas más altas y por riscos más cerca del lucero.

Oración Jubilar del Obispo González Montes

En el año 2016, con motivo del III Centenario del inicio del culto a la Pequeñica en el Roel, el Papa Francisco concedió el primer Año Santo Jubilar al Santuario. Por este motivo, el Obispo don Adolfo González Montes compuso esta bellísima oración jubilar.

Ante ti acudimos, Madre de los Desamparados y postrados a tus plantas bendecimos la hora en que tu sagrada imagen llegó hasta este monte de gracia para quedarse con nosotros.

En esta imagen amada vemos el reflejo de Dios, que puso sus ojos en tu pequeñez, y te ensalzó haciendo de ti torre fuerte donde reside la hermosura.

¡Bienaventurada tú porque has creído! Tu inmaculada belleza, Madre, nos ayuda a buscar la mejor parte, la obra que Dios hizo en ti, el ponerte tú en sus manos.

Hoy venimos a ti para suplicar la firmeza de la fe, la ilusión de la esperanza y el calor de la caridad; y acogiéndonos a tu maternal intercesión, vivir en presencia de Dios y alcanzar su misericordia.

A ti acudimos buscando amparo, Virgen del Saliente, Madre de los desamparados, Refugio de los pecadores, vida y esperanza nuestra.

Amén